Algunas propuestas recientes sobre la conceptualización de los movimientos de extrema derecha

Escrito por: Fabrizio Dorian Dominguez Atilano

Fecha de publicación:febrero 2026

Resumen: En este artículo se aborda la importancia de la conceptualización sobre movimientos de extrema derecha (far-right) y sus variables como derecha alternativa (alt-right) o nueva derecha (new-right). Además de evaluar las diversas propuestas que se han presentado para abordarla y así comprenderla de una mejor manera, sin dejar de lado su conexión con el fascimo clásico nazi e italiano. 

Palabras clave: Fascismo, nueva derecha, derecha alternativa, autoritarismo, conceptualización.

Introducción

Los movimientos de extrema derecha en todo el mundo toman cada día más fuerza y parecería que no hay países que resistan a su influencia. Se han hecho presentes tanto en el así llamado Norte Global como en el Sur Global. No solo eso, sino que también podría argumentarse que su despliegue es relativamente reciente, no más de diez años. Actualmente existen diversos países gobernados por partidos políticos o mandatarios afines a dicho movimiento, como Giorgia Meloni en Italia, Viktor Orbán en Hungría, el partido Ley y Justicia en Polonia, Trump en EE.UU., Milei en Argentina, Netanyahu en Israel, Erdogan en Turquía, entre otros. No obstante, es relevante considerar que varios países si bien no tienen el poder político, ya son una fuerza considerable a tener en cuenta, y desde el sistema parlamentario ya dictan la agenda política e influyen en las decisiones legislativas. Se podría señalar casos emblemáticos como la AFD (Alternative für Deutschland) en Alemania, el Front National de Marine Le Pen en Francia, el recién partido político japonés Sanseito (Hazlo tú mismo) y su slogan Japan First. Es menester mencionar a Brasil: si bien Jair Bolsonaro ya no es presidente y fue declarado culpable por planear un golpe de estado, existe una fuerte presencia bolsonarista en el parlamento y perdió la elección por tan sólo un punto porcentual frente a Lula Da Silva. 

Sin duda la influencia y el alcance de dichos movimientos no deja de crecer a pasos agigantados y han logrado consolidar una agenda política que les ha ganado muchos adeptos, particularmente hombres jóvenes. Una vez planteado este panorama surgen las preguntas: ¿Por qué la extrema derecha se ha vuelto tan popular? ¿Qué discursos emplean para así poder llegar de una mejor manera a su audiencia? ¿Cuáles son sus propuestas políticas? ¿Qué tienen en común todos los movimientos neoderechistas antes mencionados? No es la intención de este breve artículo responder de manera exhaustiva a dichas interrogantes; por el contrario, se esbozan las directrices para así poder entender de una mejor manera a estos movimientos cuyo auge y alcance político ya no puede ni debe de ser ignorado y, mucho menos, subestimado. Lo que se pretende es mostrar algunas propuestas que ayuden a comprender de una mejor manera los movimientos de extrema derecha, esta comprensión buscará conceptualizarlos para así poder combatirlos con metodologías mucho más efectivas.  Las ciencias sociales, y la filosofía en particular, pretenden aprehender los fenómenos mediante el lenguaje, por lo que es indispensable disponer de herramientas teóricas para estudiar este fenómeno en particular, motivos por los cuales su estudio debería de ser prioritario. 

La importancia de la precisión terminológica 

Desde que estos movimientos han cobrado auge y exposición mediática, y ahora que gobiernan países, se ha convertido en una necesidad buscar algún tipo de concepto que logre englobar a estos movimientos en su conjunto, pero que, al mismo tiempo, resalte las particularidades de cada uno de ellos según su país. Si bien existen muchísimas propuestas sobre cómo nombrarlos, no existe consenso de ningún tipo. Diversos intelectuales han postulado una amplia gama de conceptos para así poder comprender de una mejor manera a los mencionados movimientos. La precisión terminológica es relevante porque es justamente a partir de ella que se pueden desarrollar teorías que ayuden a su comprensión. No sólo eso, también dan testamento de la historia de una comunidad, de sus intereses, de sus objetivos y de sus ideas compartidas. 

La creación de conceptos es indispensable para el trabajo de la filosofía y de las ciencias sociales en general, puesto que es a partir de éstos que es posible aprehender de una mejor manera “las estructuras de las creencias”, como bien expone Horkheimer. Al poseer conceptos que ayuden a comprender el origen y el porqué de una creencia o de cierta convicción, se estará en mucha mejor posición de entenderla. No se trata simplemente de sustituir un término por otro, lo que se busca es una precisión lingüística que dé cuenta de los fenómenos que se llevan a cabo frente a nuestros ojos. En el caso de la extrema derecha, tan cambiante y camaleónica según el país en el cual se desarrolla, es muy complicado postular un concepto que atrape esos cambios. 

Los conceptos se agrupan en tres bloques. El primer bloque se conforma de los que resaltan su conexión con el fascismo clásico italiano y nacionalsocialista, los cuales le dan prioridad a la similitud entre aquel discurso fascista clásico y el empleado por los grupos de extrema derecha.  El segundo abarca los que buscan alejarlos del fascismo clásico al darle primacía a sus condiciones histórico-político-sociales-económicas contemporáneas. Finalmente, el tercer bloque aborda la propia nomenclatura de “extrema derecha”, así como “derecha alternativa” o sus variables anglófonas alt right y far right. Estas terminologías han sido impuestas principalmente por los propios partidos políticos y movimientos afines a dicha idiosincrasia, por lo que es necesario evaluarlas. 

Herederos del fascismo 

No sorprende que el primer acercamiento que se ha realizado a estos movimientos sea el emparentarlos con el fascismo clásico. Tal conceptualización pretende destacar la grave amenaza que significan para algunos Estados contemporáneos. Aquí lo más relevante es trazar ejes temáticos entre los discursos y políticas del fascismo clásico frente a las homólogas de la extrema derecha. 

Desde que el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, se ha debatido si pudiera volver bajo otros rostros o de diversas maneras, y, si efectivamente lo hiciera, ¿bajo qué rostros aparecería? ¿Cómo podríamos abordar estos nuevos movimientos? El problema de fondo es que antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial ha habido movimientos fascistas, pero con diversas características y muy apegados a su contexto social (Paxton: Cap VII). 

Esto en un primer momento es indicativo de que estos movimientos siempre son posibles en diversos contextos y con diversas manifestaciones. De hecho, Robert Paxton, al final de su obra Anatomy of fascism, se pregunta si son posibles los fascismos después de su derrota en los campos de batalla y qué nuevas formas adoptarían. La respuesta es afirmativa: “Si interpretamos la resurrección de un fascismo puesto al día como la aparición de algún equivalente funcional y no como una repetición exacta, es posible la reaparición” (Paxton: 251). Sí son posibles; quizá sus nuevos rostros no usarán esvásticas ni atuendos militares, pero sus características principales estarán presentes y eso los hará distinguibles. 

Robert Paxton deja claro que los grupos y partidos políticos que más se han acercado a discursos y políticas fascistas son los de extrema derecha: “En el lenguaje de estos movimientos no aparecían indicios de un estilo fascista, aunque era el espacio en que se sentía más a gusto el puñado de escandinavos de extrema derecha, y en el que se legitimaban las expresiones de sentimientos antiinmigración e incluso de violencia contra los emigrantes” (Paxton: 265).

Si bien la extrema derecha es la que más se aproxima al fascismo, ¿es posible llamarla propiamente fascista? También cabe preguntarse si no convendría emplear otros conceptos que la distingan del fascismo clásico, pero que, al mismo tiempo, remitan a él. Tal es el planteamiento de Enzo Traverso, quien propone el concepto de posfascismo. Este término pretende aclarar que los movimientos de extrema derecha no son fascistas, pero sí contienen rasgos fascistas, los cuales no pueden ser pasados por alto. Es así como la extrema derecha se diferencia del fascismo, pero al mismo tiempo lo conserva:  

El posfascismo es diferente: se ha emancipado del fascismo clásico, aunque en la mayoría de los casos lo conserva como matriz […] Si intentamos definirlos, no podemos pasar por alto esta matriz fascista, sin la cual no existirían, pero también debemos tener en cuenta su evolución, porque se han transformado, y hoy en día se desplazan en una dirección cuyo destino final no conocemos. Cuando se hayan estabilizado en algo nuevo, con características políticas e ideológicas precisas, quizás habrá que acuñar una nueva definición (Traverso: 16).

Es así como la extrema derecha puede tomar rasgos e incluso políticas directamente del fascismo clásico (alemán e italiano), pero, al mismo tiempo, adaptar esas políticas a su contexto social-político-económico y formular políticas que se “alejan” de ese pensamiento. Ese es el inconveniente aquí y lo que evita conceptualizar de manera correcta estos movimientos, porque no se puede aglutinarlos bajo el término llano de fascismo, porque no lo son. No obstante, las conexiones existen y no deben de pasarse por alto. Además de las conexiones, no se puede dejar de mencionar el aspecto contextual, que juega un papel sumamente relevante y que propicia que la extrema derecha alemana de la AFD se distinga del Front National o del partido español Vox, aunque compartan rasgos. Por último, como se puede colegir, el concepto de posfascismo no ayuda a dilucidar estos movimientos. En primer lugar, el prefijo pos remite a algo posterior al fascismo, como si lo hubiera dejado atrás o no tuviera conexión con él. Además, el propio Traverso reconoce que aún no existe una forma de identificarlos o de agruparlos bajo un concepto, como se desprende del fragmento citado, por lo que posfascismo sólo sería otra manera de llamar a los grupos de extrema derecha, nombre que ellos mismos asumen. 

Asimismo, es necesario mencionar el concepto de late fascism muy emparentado con el de posfascismo, el cual pretende lo mismo: emparentar con el fascismo clásico. No obstante, coloca una distancia respecto de este, y resalta la cercanía al postular un virus fascista que se encuentra en los movimientos de extrema derecha: “How, I want to ask, are we to conceptualise the connection between novel variants of what Karl Polanyi once termed ‘the fascist virus’ and the mutable instantiations of neoliberalism, beyond the familiar if fallacious assumption of a basic incompatibility between these two complexes of political ideas and practices?” (Toscano: 57).

Movimientos con retóricas fascistas, pero con una identidad distinta

Para el historiador Miguel Urbán, estos movimientos sí son preocupantes y se deben de tomar en consideración porque sus ideas son cercanas al fascismo. No obstante, su propuesta nos exige que pensemos a los grupos de extrema derecha como productos de su época, enteramente contextualizados, que tomarían ideas y propuestas del ideario fascista clásico. Su propuesta se acerca a la de Traverso, puesto que busca presentar ambos movimientos como productos de condiciones históricas específicas dadas del siglo XXI, y es justamente por este motivo que no podemos catalogarlos como fascistas, pero sí reconocer que tienen un ideario muy afín con el fascismo italiano y alemán: “Pero es fundamental aclarar las importantes diferencias que separa este movimiento reaccionario del fascismo clásico […] Las políticas de la derecha tienen como efecto una sociedad atomizada, no la sociedad orgánica del fascismo” (Urban: 43). 

Existe una clara diferencia con el fascismo clásico de los años 30s; no hay que caer en la trampa al pensar que los movimientos actuales son una copia perfecta de aquellos. Es por esto que Urbán propone el concepto de Autoritarismos reaccionarios. Si bien el autor busca distanciar con su concepto los grupos de ultraderecha del fascismo clásico, también pretende acercarlos, pero siempre enmarcados dentro de sus contextos sociopolíticos: 

Así se plantea que el autoritarismo reaccionario no nace en el vacío y sería resultado de diferentes experiencias de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI: experiencias que no sólo se circunscribirían al campo político de la ultraderecha, sino que conectarían y serían fruto de un momento autoritario global nacido de la crisis ecológica y del desorden de la gobernanza neoliberal (Urbán: 59).

Miguel Urbán explica los orígenes y alcances de esta nueva ola derechista, pero existen inconvenientes con su conceptualización, que, si bien es un intento de aprehender y hacer inteligibles estos movimientos, no termina por brindar los aspectos que podrían ser los distintivos de la extrema derecha. Pensar que lo distintivo de los movimientos actuales es que sean autoritarios y reaccionarios en realidad no brinda la información necesaria para su comprensión sistemática e intelectual. Por un lado, los autoritarismos siempre han existido en varias épocas y a lo largo de todo el mundo. Además, es necesario mencionar que estos movimientos han llegado al poder por voto popular en elecciones democráticas, en las cuales no existe ninguna duda de sus victorias. Sí, han dado muestras de usar el brazo del estado para reprimir a la oposición o lanzar una cruzada contra la educación y contra todo aquel que no promueva su ideario político y promover el propio: “In fascist ideology, the function of the education system is to glorify the mythic past, elevating the achievements of members of the nation and obscuring the perspectives and histories of those who do not belong” (Stanley: 47). 

El término reaccionario es aún más difuso y no especifica algo particular de estos movimientos. En realidad, muchas luchas sociales que no son de extrema derecha pueden ser reaccionarias: luchas por condiciones laborales justas, derechos básicos, luchas contra la discriminación, la marginación o pauperización son reaccionarias puesto que luchan contra un statu quo que ilegitimita, promueve y mantiene estructuras de poder por las cuales son sometidos. El término “reaccionario” se utiliza, legítimamente, para luchas sociales por todas las áreas del espectro político; por lo tanto, es nulo emplearlo como si describiera algo esencial o meramente específico de los movimientos de extrema derecha. Aunque es una condición necesaria el que estos grupos sean reaccionarios, no específica mucho sobre ellos. 

La deficiencia del término “derecha” 

Por último, es necesario problematizar sobre el propio término derecha, que se ha usado a lo largo de este artículo. Bajo este término también se engloban sus “variables” como extrema-derecha (en inglés far-right), derecha alternativa (alt-right), la nueva derecha o neoderechismo (new right) o ultraderecha. Estos términos no conceptualizan y no pretenden hacerlo; en realidad lo que hacen es señalar el objeto de estudio, pero en ningún momento invitan a una reflexión que nos ayude a aprehenderlos de una mejor manera. Catalogarlos como derecha sólo tiene el propósito de mostrar o señalar de quienes se está hablando, presentar el objeto de estudio a los lectores. No obstante, esta nomenclatura no está exenta de problemas muy graves, el problema principal es que son los propios movimientos de extrema derecha los que toman este nombre para presentarse como una alternativa a la izquierda, y a la vez se erigen como una alternativa a una derecha antigua que consideran que no hace lo suficiente para frenar el avance de la izquierda. Alain de Benoist, francés quien implementó y popularizó el término nueva derecha, tuvo muy claro que el conservadurismo de los años 70s necesitaba adoptar un nuevo rostro so pena de caer en el olvido: “La vieja derecha ha muerto. Se lo tenía merecido. Ha muerto por haber vivido de su herencia, de sus privilegios y de sus recuerdos, por no haber tenido ni voluntad ni proyectos” (Benoist: 45).

Es así como la nueva derecha, junto con estos grupos que se postulan como continuadores o que revitalizan el conservadurismo, se presenta como una opción en contra de la izquierda.  La cuestión es que, en la percepción de grandes capas de la población, la derecha ya no presenta propuestas que compartan o que siquiera puedan lograr un cambio. Aún más, parecería que los partidarios del derechismo actualmente son los afectados por no seguir las políticas “woke hegemónicas” y son condenados al ostracismo. En palabras de Agustín Laje, la importancia de la nueva derecha es la siguiente: 

[…] nosotros, neoderechistas en general, subalternizados por doquier, somos la bolsa de boxeo favorita de los poderes políticos, mediáticos, culturales y académicos. Nada más fácil que reírse de nosotros. Nada más fácil que insultarnos. Nada más fácil que hacer de nosotros chivos expiatorios a los que acusar de cualquier cosa. Nada más fácil que señalar el color de nuestra piel (¡blancos!), nuestro sexo (¡hombres!) y nuestra orientación sexual (¡heterosexuales!) procurando denigrarnos, aunque muchos de nosotros tengamos otro color de piel, otro sexo u otra orientación sexual (Laje: 288-289).

El perfil que describe Agustín Laje es claro: el de un hombre típicamente conservador que es humillado y para quien no existe un movimiento político que vele por sus intereses. Pero el giro argumentativo y, lo más relevante para lo que aquí se busca demostrar, es que la nueva derecha, junto con todas sus variables, no es conservadurismo. Éste habría perdido su batalla por sus pobres herramientas discursivas y por no saber cautivar a los votantes, mientras que la izquierda progresista ganó la batalla: “Hoy el progresismo no sería más que una versión edulcorada de la fatal arrogancia que busca transformar la sociedad en un sentido igualitarista, con miles de social justice warriors que combaten desde diferentes trincheras, sobre todo la cultura, donde la izquierda ‘ganó’ la batalla cultural” (Stefanoni: 127).  Si el conservadurismo perdió la batalla, se necesita un relevo, y es ahí donde entran las nuevas derechas y sus variables. 

Precisamente por esto es que el término de nueva derecha, junto con sus variables, es tan equívoco, porque presenta a estos movimientos, con tintes fascistas, meramente como una revitalización o actualización de las ideas conservadoras.  Los problemas fundamentales son dos: el primero es que, al presentarse estos grupos como si fueran conservadores, lo que hacen es normalizar discursos fascistas que son propios de sus retóricas para ganar adeptos. Al denominarse ellos mismos como, por ejemplo, derecha alternativa, pueden argumentar que sus propuestas son una especie de conservadurismo revitalizado el cual hace frente a la izquierda. El segundo es que estos partidos, al postularse como de derecha, lo que hacen es “derechizar” a los otros partidos tradicionalmente conservadores. 

Mientras los grupos tradicionalmente conservadores tienen su agenda política clara, sus rivales de extrema derecha les quitan votos; por lo que los grupos tradicionalmente conservadores deben de adoptar las retóricas y propuestas para así poder hacerles frente.  “Esto no implica solamente la negativa a aliarse con la extrema derecha y a normalizarla, o a su discurso y sus propuestas. Implica también que debe haber un atento cribado de los políticos que los partidos que se definen democráticos tienen en su seno: deben mantener” (Forti: 225). Sin embargo, ahora las cosas han cambiado, puesto que, para que muchos partidos conservadores sobrevivan, deben de adoptar todo el ideario neoderechista. Esto tiene como resultado que muchos grupos conservadores pierden su identidad hasta convertirse en neoderechistas. El ejemplo más claro es el Partido Republicano estadounidense, el cual dejó de ser meramente conservador para convertirse en un vehículo para visibilizar las ideas de extrema derecha. 

Conclusión

A lo largo de este breve artículo se intentó mostrar la pertinencia y relevancia de la conceptualización de estos movimientos políticos recientes para así poder evaluar y estudiar con rigor sus propuestas y alcances. Sin embargo, más allá de su conceptualización, que es muy relevante, asimismo es imprescindible constatar que tienen mucha de la retórica del fascismo clásico y eso ya debería ser un indicativo de su peligrosidad. Todos los autores analizados en este artículo unánimemente identifican rasgos fascistas en estos grupos de derecha y el uso de la retórica que esgrimen: “Las derechas populistas protestan de lo que llaman una lesión de nuestras identidades culturales por parte de las «invasiones» contaminantes de los migrantes. En realidad, identifican tal identidad con su identidad reaccionaria, con su falsa cristiandad, con su intolerancia de los diferentes, en definitiva, con su más o menos consciente racismo” (Ferrajoli: 463).  

Las derechas se fortalecen con el discurso de la invasión migrante y la pérdida de la identidad cultural europea, si es que alguna vez existió una. La lucha contra la alteridad y, en particular, contra lo “no-europeo” se ha vuelto el caballo de troya mediante el cual las derechas estimulan el miedo para así erigirse como los defensores de una sociedad en peligro. El ideólogo del régimen nazi Carl Schmitt deja claro que es necesaria la dicotomía amigo-enemigo para así consolidar a la nación bajo el estandarte de su defensa y de la homogeneidad, al enfrentarse al enemigo: “An enemy exists only when, at least potentially, one fighting collectivity of people confronts a similar collectivity. The enemy is solely the public enemy, because everything that has a relationship to such a collectivity of men, particularly to a whole nation, becomes public by virtue of such a relationship” (Schmitt: 28).

Las políticas neoliberales destruyen el poder adquisitivo de los sueldos, además de erradicar la protección social y crear el sentido de incompetencia. Éstos son los elementos propicios para que la ira, el enojo y el resentimiento florezcan. Y es a través de estos sentimientos que la extrema derecha se encauza: 

Resentment, rancor, anger, reaction to humiliation and suffering—certainly all of these are at play in right-wing populism and support for authoritarian leadership today. However, this politics of resentment emerges from the historically dominant as they feel that the dominance ebbing—as whiteness, especially but also masculinity provides limited protection against the displacements and losses that forty years ago of neoliberalism have yielded for the working and middle classes (Brown: 175).

Las emergencias globales sobre las que llama la atención Ferrajoli son conocidas por todos y lo que se busca son las soluciones para afrontarlas. Las nuevas derechas se erigen como las garantes de la fórmula que solucionará los problemas no sólo a nivel nacional sino también internacional. Este derechismo, mediante sus retóricas, pretende posicionarse como la única vía para volver a los buenos años pasados y que la prosperidad en la se vivió antes regrese. Sobra decir que ese pasado glorioso que propagan en realidad nunca existió.

Las extremas derechas o neofascismo, además de la conceptualización presentada en este artículo, también deben de responder por las retóricas que están usando y si es que éstas en realidad promueven la discusión y ayudan a fortalecer la sociedad en la cual se inscriben. Francamente es difícil pensar que estos movimientos nos hacen “avanzar” como sociedad. Muy por el contrario, en realidad se estaría ante una regresión de los procesos democráticos que la humanidad hasta ahora ha venido desplegando: “Rather than taking responsibility for a share social space of human making, it hypostatizes an ethnic identity that is sealed off to outsiders” (Jaeggi: 160). Las nuevas derechas, más que avanzar o “progresar” hacia la solución, en realidad son procesos regresivos, los cuales, lejos de mejorar la posición de los más desfavorecidos, la empeoran y promueven las famosas políticas de “mano dura”. He aquí que la conceptualización sea relevante para poder analizar sus procesos y sus discursos, pero también para crear verdaderas alternativas viables.

Referencias:

Benoist, Alain de. La Nueva Derecha. Trad. César Armando Gómez. Madrid: Editorial Planeta, 1982

Brown, Wendy. In the Ruins of neoliberalism. The rise of antidemocratic politics in the west. NYC: Columbia University Press, 2019.

Ferrajoli, Luigi. La construcción de la democracia. Teoría del garantismo constitucional. Trad. Perfecto Andrés Ibañez. Madrid: Editorial Trotta, 2023.

Ferrajoli, Luigi. Por una constitución de la tierra. Trad. Perfecto Andrés Ibañez. Madrid: Editorial Trotta, 2022. 

Forti, Steven. Extrema Derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla. México: Siglo XXI Editores, 2021.

Laje Arrigoni, Agustín. Generación idiota. Una crítica al adolescentismo. Madrid: HarperCollins, 2023.

Paxton, Robert. Anatomía de Fascismo. Traducido por José Manuel Álvarez Flores. Madrid: Capitán Swing Libros, 2019.

Rahel, Jaeggi. Progress and Regression. Translated by Robert Savage. Harvard: Harvard University Press, 2025. 

Ramírez Gallegos, Franklin. “La pendiente neoliberal: ¿neo-fascismo, postfascismo, autoritarismo libertario?”, en: Neofacismo. La bestia neoliberal. Dirigido por Adoración Guamán, et al. México: Siglo XXI, 2019: 19-38.

Schmitt, Carl. The concept of the political. Trad. Goerge Schwab. Chicago: Chicago Press, 2007.

Stanley, Jason. How Fascism Works. The Politics of Us and Them. London: Random House, 2020.

Stefanoni, Pablo. ¿La rebeldía se volvió de derecha? México: Siglo XXI, 2022.

Toscano, Alberto. Late fascism. Race, Capitalism and the Politics of Crisis. Verso, 2023.

Traverso, Enzo. Las nuevas caras de la derecha. México: Siglo XXI, 2021.

Urban, Miguel. Tropismos. Neoliberales y autoritarios, radiografía de la derecha radical. México: FCE, 2025.

AA. VV. NeoFascismo. México: Siglo XXI, 2019.

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